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miércoles, 13 de septiembre de 2017

CRÓNICAS DEL DESEMPLEO: PARTE 2

Sentado, en horas de oficina, escribiendo un artículos sobre el valor real de los profesionales para las compañías, llegué a una importante conclusión sobre el rumbo que tomó este espacio. Sí, no deja de ser un blog de moda. Sí, aparezco una vez cada seis meses. Sí, la moda se ha vuelto un tema remoto. Y es que ya voy para casi dos años lejos de la industria que, aún hoy, sigue siendo una de mis mayores fascinaciones. Pero es innegable la necesidad de hablar del impacto que los ambientes corporativos más generales ha generado en mi modo de ver cualquier industria.

Y ese impacto, tan positivo como negativo, resulta en un montón de conocimiento que debo compartir con ustedes. En este caso, luego de ciertas lecturas exhaustivas sobre el modo en que funcionan los recursos de las compañías, hay que hablar del elefante blanco en la habitación: ¿cómo se mide, percibe, promueve y agradece el valor de los profesionales en las compañías?

Mucho se ha hablado de cambio organizacional, impactos digitales y nuevos modos de construir organizaciones, pero aún queda ese tema en el aire: entre automatización, aumento de la competitividad y la disminución de la importancia de los departamentos de recursos humanos, ¿somos conscientes de lo que nuestra empresa espera de los profesionales que requerimos? 

Y hoy, en medio de un ataque de ira y desilusión, volví a una de las prácticas que más me cuesta comprender en mi vida personal: la necesidad de contar historias para entender inconformidades. No dejaré de llamar Crónicas del desempleo a este espacio, porque las aventuras corporativas que he tenido que vivir van destinadas hacia un mismo punto: el emprendimiento, la innovación y la transformación de las organizaciones; desligándose del orden tradicional del horario y empleo (como lo hablamos una vez ya).

Parte del comprender a una nueva generación de empleados, con una consciencia mayor sobre su nivel de importancia, inicia desde la premisa de que este conocimiento debe ser mutuo. Y parece sumamente obvio, si cuento con un empleado es porque todo su bagaje me resulta elemental para cumplir metas previamente establecidas. Lastimosamente, las organizaciones tradicionales se caracterizan por tener un enfoque disparejo en el desarrollo del talento humano frente al core del negocio, dejando de lado las demás labores que deben ser cumplidas para el funcionamiento saludable de una compañía.

Como siempre quise que fuera este espacio, debo poner frente a frente el modo en que, tanto un empleado como la compañía, debería reaccionar ante la situación de la categorización errónea de la labor de una persona dentro de una organización. Comencemos:


Para las empresas: ¿cuento con el personal que realmente necesito?


Una de las nociones más importantes de la transformación organizacional es comprender la jerarquía como un hecho necesario de delegación de responsabilidades, algo así como poner en manos del verdadero experto el desarrollo de las labores que generar valor para la compañía. La jerarquía dejó (o debería dejar, de una vez y para siempre) de ser un hecho de estatus, y hoy por hoy (debería) responde únicamente a los niveles de responsabilidad y control de la ejecución de proyectos y responsabilidades.

Partiendo desde esa idea es desde donde cada empresa puede conocer el modo en que su personal está distribuido, para lograr un desarrollo de labores mucho más objetivo, dándole el lugar que cada empleado requiere. No repetiré el tema de la selección adecuada de perfiles, eso es un must que me da cierto enojo tener que decir una vez más, porque soy consciente de lo viciado que puede llegar a ser.

Desde las jerarquías y los procesos que cada área necesaria dentro de los procesos organizacionales, podrán medir el impacto de cada cargo y los requerimientos de éste. Es elemental tener en cuenta que a través de esta suma, entre jerarquías y procesos, sabrá qué esperar de cada uno de sus empleados. No es objetivo que la delegación de tareas se desligue de las labores gerenciales de la alta dirección. ¿Qué implica esta suma? Que desde la alta dirección parten los principios de conocimiento de las labores y su nivel de implicación dentro del proceso básico de la empresa. ¿Elemental, no? Curiosamente, repetir este tipo de cosas, que parecieran tan básicas, nos devuelve la conciencia de cómo, del papel a la acción, es que funciona todo esto en Colombia (y de seguro en muchas partes más).

Del mismo modo, las direcciones implican un proceso que debe o debe cumplir con requisitos académicos o experienciales, con resultado positivo, sobre el manejo de personal y orientación del talento. La media gerencia, como el engranaje entre la operatividad y la estrategia resulta elemental al definir el modo en que el talento puede ser distribuido, por eso debe contar con habilidades muy precisas que trascenderán, mucho más allá, al hecho de estatus que puede llegar a representar.

Recuerde, como dato coctelero, que toda contratación implica la planeación financiera del modo de reaccionar ante emergencias económicas. Facilitar el desarrollo de labores puede lograrse con mayor facilidad desde la transformación que desde un crecimiento desmedido en mano de obra.

Para el empleado: ¿la empresa valora su talento?


Más que entrar en el tema de satisfacción, es elemental que se siente en su puesto de trabajo y mida el alcance de sus labores. ¿Frente a qué se compara este indicador? Primero, a la relación con su equipo, ¿hasta qué punto sus labores son indispensables en el funcionamiento del área que lo acoge? ¿Cuál es su aporte total al cumplimiento de las metas propuestas frente a sus compañeros? Esto le devolverá la fe, entendiendo el modo en que lo que hace tiene valor intrínseco para la compañía.

Ahora bien, considere lo siguiente: entendiendo su nivel de participación percibida, compárelo frente a lo que otras áreas piensen de usted. Pero no se sulfuruque, tal vez encuentre ciertas opiniones desinformadas sobre el modo en que usted realiza su trabajo, no se lo tome personal. Lo que sí puede hacer es sacar una media y filtrarla a través del sentido común.

Y cierre con una introspección: lo que se percibe de mi labor, el nivel de participación que tengo en el cumplimiento de metas, ¿se ajustan estos valores a mi potencial, satisfacción y formación? Y tome decisiones.

Con el tiempo comprendí un poco el nivel de complejidad de lo que implica la decisión de cambio de empleo. Piénselo bien, ¿qué posibilidad tiene de avanzar u ofrecer un valor mayor a lo que actualmente ofrece? ¡Hágalo! Recuerde que las organizaciones en las que priman valores como la planeación y la distribución objetiva de labores, tendrán muy en cuenta esta categoría al analizar su perfil de empleado.

Parte de toda la cháchara sobre los papeles dentro de la organización y la objetividad en la medición de cumplimiento de responsabilidades y proyectos parte de mi insatisfacción con los modelos tradicionales, las compañías anacrónicas y el mal desarrollo de la gerencia media; ese cargo tan olvidado, otorgado en un principio según la vinculación a la compañía, en tiempo e influencias, que resulta poco objetivo a la hora de explotar el potencial directivo y de liderazgo óptimo. La falta de objetividad en las compañías resulta siempre en pérdidas.

Es interesante responder y formular preguntas desde los modelos tradicionales, intentando comprender, una y otra vez: ¿cuál es mi propósito en el mundo corporativo? Y suena cursi, pero pienso que es el punto de partida de todas estas historias, del modo en que el emprendimiento, la innovación y los negocios pueden funcionar.

Espero me sigan la cuerda, mientras sigo como un loco hablando toda la carreta emocional de mi intención de cambiar el mundo organizacional (inserte emoji de puño aquí).

¡Síganme y hablamos de más trivialidades de la vida!

@Doblepersona
@Camarfre

martes, 23 de mayo de 2017

#DEMODABOG: DESTACADOS DE LA EDICIÓN


Retomando nuestra entrada anterior (que pueden leer aquí), vamos a hablar de las pasarelas más relevantes del Bogotá Fashion Week. Debemos decir una vez más que, teniendo en cuenta el nuevo enfoque de la feria, vimos resagada la parrilla de los talentos que estamos acostumbrados a ver. Lina Cantillo, Juan Pablo Socarrás, Faride Ramos, Mulierr y Adriana Santacruz fueron la vida de esta feria. También le daremos una vista al talento que comienza a hacer parte del sello del Bogotá Fashion Week, un buen resumen del clásico talento bogotano: Isabel Henao, Amelia Toro y Bettina Spitz

Para no darle tantas largas al asunto, nuestros looks favoritos y los datos curiosos de cada colección:

Lina Cantillo: Rouge.


Lina se fue por todo lo alto, y junto a Don Eloy presentaron una pasarela que no podía ser más ella que nunca. Alineada a la tendencia, Lina subió su experiencia en patronaje masculino a pasarela, traducido en rojo en sus diferentes matices, un juego interesante de materiales, y versiones femeninas de sus atuendos. Debo destacar que la idea es genial, las rosas rojas que acompañaron la colección le dieron ese encanto cliché que me gusta ver en este tipo de propuestas. Las piezas femeninas se tornaron interesantes, descubriendo el abanico de posibilidades que implican éstas por separado. Me quedo con los abrigos largos, los detalles y el knitwear. Mi pregunta del tintero es: ¿se venderá en Colombia un pantalón de terciopelo rojo?


Juan Pablo Socarrás: De los baúles de Luisa Francisca y Antonio


A este contador de historias sólo puedo felicitarlo por una bonita evolución. Juan Pablo esta vez se decantó por otra historia de su familia, evocando los años treinta, presentó una linda historia de amor, mucho más delicada y suntuosa. Una paleta que iba desde varios tonos de azul, pasando por el verde militar, y cerrando con unos bellos tonos de rosado contaron una bella historia de amor sobre la pasarela, la evolución de Luisa Francisca a través de la historia, y el vestido de novia de los suspiros. Aún conservando su línea muy sartorial, Juan Pablo nos dejó ver cómo tomar ciertos riesgos puede ser sumamente divertido: blazers cruzados, túnicas, capas y un corte militar muy bien ejecutado mostró el talento de Juan. Siendo así, que nos siga contando historias que nos enamoren. ¡Bravo!



Faride Ramos: Juegos Prohibidos.


Faride también decidió hacer un viaje en el tiempo y llevarnos a una infancia lejana, con una colección inspirada en el uniforme del colegio. Faride, como siempre, logró hacerme sentir algo en particular; así como abrió un espacio de conversación sobre las mujeres afro en la moda colombiana, esta vez me recordó aquel artículo sobre los uniformes y su validación como hecho cultural que escribimos aquí alguna vez. Con unos tocados preciosos, un remix sombrío de las rimas que cantamos cuando éramos niños, muchos volados, blusas con un volumen bien aplicado y una sastrería como solo Faride puede hacerlo, nos recordó el oversized de jugar con la ropa de papá. Highlight: los tocados de trompos, lápices y avoncitos de papel; además de una magistral aplicación de tendencias globales: boleros y hombros descubiertos. ¡Qué premio tan merecido, Faride!



Mulierr: La poesía del silencio.


Las queridas de Mulierr, marca que saben que llevo con mucho cariño en el corazón (y aquí pueden ver el trabajo lindo que hemos desarrollado juntos), se fue por una historia natural. Ellas, junto a Bettina Spitz, tomarían los elementos tradicionales de la fauna colombiana para crear sus colecciones. Paola y Lorena se basaron en los elementos básicos de la naturaleza: el pasto recién cortado, las venas de las hojas, el fluir de la tierra misma, para trasladarlo a sus prendas de excelente confección y trabajo manual preciso. Una gama de colores mucho más sobria y detalles ejecutados con mayor precisión muestran una buena evolución de Mulierr. Destacamos las bellas capas y chaquetas que acompañaron esta colección, desde el minimalismo que los caracteriza.


Adriana Santacruz: Síntesis.

Adriana nos trae siempre una dosis tan bella de folclor andino que me quedo con su pasarela como cierre de esta edición. Esta vez, traslada al Bogotá Fashion Week los coloridos y artesanales momentos del Carnaval de Blancos y Negros, de la mano del querido Lucio Feuillet en la banda sonora, trasmitiendo toda la alegría de la fiesta, bajo faldas, capas y abrigos de siluetas asimétricas, atemporales, y mezclando la viveza de colores del andino con la tradición del tejido en telar. Aplaudimos los detalles bordados que dan una identidad única a las piezas de la diseñadora pastusa. Y saludamos a Adriana, una vez más, como parte del talento artesanal que destaca en Colombia. 




Isabel Henao, Amelia Toro y Bettina Spitz. 

En este caso, quise resumir en una sola linea las propuestas comerciales más fuertes de Bogotá, teniendo en cuenta una clara inclinación a cierto público, y cargando siempre con un bagaje histórico que permite ver consolidada una propuesta de valor. Isabel basó su propuesta en sedas de perfecta caía, cortes tradicionales y piezas inspiradas en el Tibet, dando una clase magistral de uso de materiales, encajes y sedas, que todo diseñador colombiano debería tomar; Bettina contó una historia de la fauna bogotana, bajo la imagen de un oso de anteojos pintado en acuarela, y Amelia cerraría la feria con una colección llena de volados, túnicas y prendas que evocan tiempos pasados, entre azules blancos y negros. Aplaudimos las ilustraciones de Bettina, el majestuoso uso de siluetas y materiales de Isabel, y el exceso de feminidad de Amelia Toro. 



Como siempre, agradecemos a nuestros amigos de Cámara Lúcida por el material fotográfico. 

Pero, esperen, ¿creyeron que olvidaría al nuevo talento? Esperen más detalles de esta edición. 

¡Nos vemos pronto!